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El trauma en el duelo

El trauma es un estado de malestar, estrés y vulnerabilidad, asociado a una experiencia catastrófica repentina y violenta que hace que el dolor sea agudo y con reacciones cuya severidad conduce al shock, que dificulta enfrentar la situación. Esto trae complicaciones para el duelo, que se expresan en la imposibilidad de despedirse del fallecido; disminución de la capacidad de adaptación del doliente; prolongación y agudización de los síntomas del duelo, del choque emocional y de sus reacciones; sentimiento de culpa, reconstrucción obsesiva del escenario mortal y aparición de estrés postraumático.

En la muerte por homicidio hay sentimientos como negación, impulsos asesinos, conflictos éticos y morales, miedo, culpa, remordimiento y recogimiento espiritual. Esto se complica cuando falta apoyo tanto de allegados como de la ley, y por la intromisión de los medios. En el suicido, su carácter tabú estigmatiza a la víctima y a sus allegados, que pueden sentir culpa y necesidad de explicarse el porqué.

En cualquiera de estos casos, la reacción del doliente se expresa por negación del hecho, interrogación sobre las causas y el modo, rabia, culpa y desesperación. Para apoyarlo, se aconseja estimular su desahogo y dejar que se entere de los detalles de la muerte, para que la acepte y conozca el proceso de duelo que atravesará. Es conveniente comprender sus reacciones, recordarle que son normales y que el cariño por el fallecido no se mide por duración o intensidad de la tristeza. Ayuda al doliente darse tiempo para asumir la pérdida permaneciendo en casa algunos días; lo mismo que recordar que «poner distancia» no cura del dolor, tampoco evadir recuerdos o deshacerse de todas, o no tocar nunca, las pertenencias del occiso.

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