Contenido

Separación y Divorcio

La ruptura matrimonial solo se supera con la conciencia de que la unión murió y ambos cónyuges quedan libres. Pasa las siguientes etapas: decisión (genera culpa y depresión); planeamiento para repartir bienes y acordar sobre los hijos; separación (se acepta la pérdida de la relación y de la unidad familiar), y desvinculación (se renuncia a la reunificación y posibilita nuevos vínculos).

La ruptura puede ocasionar, en los hijos de cero a seis años, perturbaciones del sueño, regresión, dependencia, agresividad hacia alguno de los padres o sentirse responsables por el rompimiento. Hay que asegurarles que no serán abandonados, que son inocentes de la ruptura y que podrán ver al otro padre. En los de seis a 12, hay agresividad, curiosidad, llanto y tristeza, descuido de la escuela e intentos de reconciliar a sus padres. Hay que multiplicar las muestras de cariño, responder las preguntas, permitir la expresión de sentimientos y encuentros con el padre no custodio. Los adolescentes, por su parte, pueden buscar autonomía inadecuadamente y tender a la depresión y a desvalorizarse. Es bueno discutir con ellos la ruptura, ayudarles a determinar sus necesidades, escucharles y estar a su disposición. En todos los casos, los hijos tienen derecho a no ser instrumentalizados, a comunicarse con el padre no custodio, a no ser testigos de conflictos entre padres y a que estos tomen decisiones conjuntas sobre ellos.

Monbourquette propone abordar la ruptura a través de estas fases de duelo: shock y negación, expresión de sentimientos que conduzca a la aceptación, cierre de tareas pendientes, búsqueda del sentido de la pérdida, perdón y reconocimiento de lo positivo que tuvo la relación. Son útiles los grupos de autoayuda, en donde el duelo se comparte con casos similares, y la mediación familiar para pasar de la confrontación a la colaboración.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.