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Los adolescentes y las pérdidas

Como los adolescentes están en transición hacia la adultez, suele faltarles madurez emocional para enfrentar el duelo.  Se hacen preguntas existenciales, tales como ¿por qué a mí?, ¿qué hay después de la muerte?, ¿para qué existimos?, ¿en verdad existe Dios?  Y ante la magnitud de una pérdida, pueden llegar a adoptar actitudes cínicas y sibaritas en las que actúen sin consideración y con desenfreno. Estas actitudes son, en el fondo, un intento desesperado de llamar la atención, pero como no lo confortan, lo hacen sucumbir en profunda tristeza no demostrada en un principio, lo que alarga y complica su recuperación. 

Las actitudes a las que hay que prestar atención especial son las siguientes: rabia (sentimiento agresivo contra sí mismos u otros, incluso contra cosas y contra quien falleció), culpa y autorreproches (por cosas que se dijeron, hicieron o dejaron de decir o hacer), descontrol e ideas suicidas producto de las emociones encontradas (daño mental o físico a sí mismos, abuso de drogas o pensamientos suicidas), incomprensión (por la que interpretan erradamente a los demás y a la vez se sienten malinterpretados) y rebeldía (son contradictorios, inconsecuentes y quieren ser protectores y autoritarios, sobre todo los varones que sienten presión de asumir el peso de la familia ante la pérdida del padre.

Para ayudar al adolescente en duelo hay que validar sus sentimientos, pues la tristeza, miedo y extrañeza son normales. Igualmente, reconocer que su duelo tiene diferente ritmo y hay modos distintos de reaccionar a la pérdida, ante la cual es bueno ser honestos en las explicaciones sobre lo acaecido, promoverles lecturas de apoyo espiritual y respetar su deseo de estar solos y de que participen o no en las exequias.

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